Repartir la energía diaria en cinco comidas ayuda a que los niños se mantengan activos, atentos en clase y con fuerzas para jugar, aprender y crecer felices. Esta distribución de los nutrientes ayuda a prevenir bajones de energía, mejorar el rendimiento escolar y fomentar hábitos saludables que acompañarán a los niños en su vida adulta.
